Casta parasitaria • Castaparasitaria

RAJOY COMPROMETE SU PRIMERA ENTREVISTA COMO PRESIDENTE
CON LA PERIODISTA MAGDALENA DEL AMO:
“ Cuando sea Presidente de Gobierno tendrá usted la primera entrevista como Presidente del Gobierno. ”
(16 de junio de 2005. Véase minuto 16:20 y ss. de la entrevista).

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3 de junio de 2009

Vuelapluma de un vuelo presidencial (recuerdos de ZP, el Hechizado)

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-Por Roberto Malestar

En una equilibrada tesitura democrática, lo que, por juicioso, mayormente cabría esperar de la sociedad española es que no mostrase ninguna compasión política ante un Presidente del Gobierno que, dándoselas de “socialista” y “obrero”, no manifiesta el más mínimo pudor ni reparo en recurrir a fondos públicos para sus propios viajes privados.

La perplejidad en su día fue saber que el Hechizado, con sus deudos (“Merlín y familia”, en el imaginario de Álvaro Cunqueiro), había cogido un avión del Estado para irse de compras a Londres.

Mas ahora, conocedor de la penuria actual de tantos y tantos españoles, la perplejidad ha sido verdaderamente desbordada por una realísima náusea, al saber que el Hechizado vividor —socialista de sí mismo y obrero pro domo sua— se había apropiado de otro avión del Estado español, sólo que esta vez con el partidista y excluyente fin de ofender y demonizar, cuando menos, a una mitad de los ciudadanos del propio Estado que gobierna.

¡Qué compasión política han de merecernos los déspotas encubiertos del nuevo tiempo!: los dictadores —“democráticamente legitimados”— del caribeño y gorilesco “Aló Presidente” o, en su caso, los autoritarios celtíberos y psoejonsianos adeptos a los Clubs de la Comedia. Ninguna compasión, a mi entender, por varias razones; ajenas todas ellas al tísico argumento de la “seguridad”, o a aquél otro, impresentable paralogismo psoejonsiano, de que “la derecha también lo hace”:

Primero, porque no se puede olvidar el tan otrora cínico como hoy insultante «Gobernaré para todos, pero pensando, antes que nadie, en los que no tienen de todo.»

Era marzo de 2008, cuando el Hechizado ignoraba la crisis, aunque no, si bien sólo de palabra, a “los que no tienen de todo”, los cuales resultaron ser a la postre, no los famélicos de la hambruna socialista —paradoxa paradoxorum, mitigada por las instituciones católicas—, sino “los que ya tenían de todo”: los de la ceja que no ceja, los cristianosociolistas a lo José Bono, los millonariosocialistas a lo Leire Pajín y José Blanco (alias Pepiño el de Villa PSOE), los teddybautistas, etc.

O sea, y en rigor: “gobernaré pensando en los que teniendo de todo, aún no lo tienen todo”. La paráfrasis del mentiroso compulsivo no se hizo esperar, y alguien, con buen tino, acertó a escribir entonces:

«Zapatero ha dicho: "Gobernaré para todos, pero pensando en los que no tienen de todo. A continuación saca al Ministro de Economía, señor Solbes, para saludar a los “artistas millonarios”, y luego, él mismo se abraza con los mismos de siempre, los que lo tienen todo. ¡Pero él estaba “pensando en los que no tienen de todo”! ¿Dónde estaban los que “no tienen de todo”? ¡Seguimos con frases hechas y pocas verdades, a no ser para los que “tienen de todo”! ¡Lo veremos!»
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1 de junio de 2009

Para el repertorio patrio de las estolideces

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-Por Roberto Malestar

Desde la noche de los tiempos, pensamiento y doctrina procaz, duda sistemática y charlatanería, filosofía y sofística están condenadas por el buen Dios a mirarse de reojo con recíproco recelo.

A diferencia del nirvana doctrinario de los Ministerios, cuyos tantas veces antivitales preceptos “em-blemáticamente” propalan sus más conspicuas y endogámicas chinches, la filosofía vive de la duda —pro-blemáticamente, pues— en irrenunciable y permanente crisis intelectual.

Por ello, en su crisol de paradojas, conviene purificar las oquedades lingüísticas de las castas parasitarias del Estado: esas expresiones, por lo general, tan vacías, al mismo tiempo que tan pletóricas de sinsentido para la sociedad que las padece.

Propiamente hablando, tales expresiones (emblemáticas) constituyen emblemas, que, envueltos en retórica de mercachifles, ejercen de anestésicos frente a la tragedia social in crescendo.

Revelan además, esas expresiones, inequívocos y siniestros significados, cuando, a la postre, se las ve y perescruta como lo que verdadera y efectivamente son: flatus vocis, huera palabrería tan de picaresca como señorita doctrina; dorsales exhalaciones de parásitos bajo la epidermis de un Estado desbocado en ancas de la corrupción.

(Ha de tenerse presente el sentido originario del vocablo “emblema” en la Grecia clásica, que procediendo de em-ballo, generalmente, significa una figura simbólica “incrustada-en”, por ejemplo, un vaso; lo que introtraído al orbe político español denuncia la perversión de impedir ver con claridad —muy especialmente a quienes no viven de su pantomima— uno de los ingredientes dramáticos de la gota que colma el vaso: la trágica dimensión de su posible y peligroso desbordamiento. El otro ingrediente, el cómico, grotescamente entre la ceja que no ceja y el "Club de la Comedia", se resolverá a la postre, luego de tantos chistes y risas, como un esperpento fatal. Tales emblemas son, en fin, parches incrustados sobre la transparencia del cristal de la vida pública, y cumplen la clásica función de velo tras el que se oculta la verdad.)

Unas y otras, expresiones menesterosas de paradoxal pulimento; picarescos emblemas de Lázaros de Tormes y Estebanillos González, mas también hoy, por cuota igualitaria, de ciertas pícaras Justinas. Helas ahí, archisobadas, algunas de ellas, extraídas del repertorio patrio de las estolideces:
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31 de mayo de 2009

Ante el Ministerio de la Muerte (II)

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-Por Roberto Malestar

(Véase «Ante el Ministerio de la Muerte (I)»)

Vengo definiendo el picaresco y esperpéntico Ministerio de “Igualdad” como un Ministerio que, en rigor, más lo es de la Muerte, la cual, por otra parte, constituye la Gran Igualadora: de pobres y ricos, de competentes e imbéciles, de víctimas y criminales, de Bibianas y Bibianos, de peperos y psoejonsianos, de gnósticos y agnósticos, de creyentes teos y ateos creyentes.

Pero también, y aunque en distinto giro no sin mayor firmeza, como «una institución estatal al servicio del crimen “democráticamente justificado”» quedó definido el prohijado Ministerio (del latín ministerium: servicio).

¿Servicio? Servicio de exequias regulador de recogidas asépticas de cadáveres de “los justos e inocentes”, tal como, con máximo cariño y respeto, se les nombraba antaño. Se trata de un nuevo “regulador” del mercado: del mercado de los traficantes de sangres inocentes, de los herodes y herodas de ese ombligo propio e insaciable que, sin vergüenza ni pudor, llaman “progresismo”; del hético mercado de los votos indiscriminados: el mercado de los traidores al juramento hipocrático y la exuberante indecencia profesional para quienes el sagrado ejercicio de la medicina representa y vale lo que el Nuevo Mundo representó y valió a la facinerosa marinería de Colón: ¡plata, plata, plata…, y plata nada más! Que «el verdadero amor se ahogó en la sopa; la panza es reina y el dinero Dios», según Discépolo.

Ese crimen sobre las personas más indefensas, sobre las personas aún nonatas, disminuidas y tasadas al nivel de la bellota y los alcornoques por el disparate de alguno de los “intelectuales” que vienen practicando, desde hace ya un buen puñado de quinquenios, la Ética con H aspirada; la Hética que se pronuncia “Jética”: la Hética como sórdida moral de los esfínteres.
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25 de marzo de 2009

Ante el Ministerio de la Muerte (I)

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-Por Roberto Malestar

Creado, impuesto y fomentado por esa rara avis —entrevero insufrible de Carlos II el Hechizado y Fernando VII el Felón— que gobierna desde La Moncloa contra su propio pueblo, el Ministerio denominado de “Igualdad” constituye una gravísima y reaccionaria ofensa hacia media España.

Esto por lo pronto y cuando menos: no hay peor reaccionario que aquél que, pusilánime y criminalmente, atenta —reacciona, pues— contra el derecho natural que toda persona tiene a su propia plenitud desde el instante originario en que fue concebida.

Una ofensa que sumada a otras muchas sólo sirve para ahondar, todavía más, el difícilmente salvable socavón divisorio entre unos y otros españoles, donde, por personalísimo interés del irresponsable profundo que nos gobierna, se acumulan y crecen las aguas fétidas de nuestros paños más sucios.

Cierto es que, más tarde o más temprano, este irrepetible y, por lo mismo, inolvidable creador de acantilados sociales y proletarizador in crescendo de las clases medias (repugnante invento franquista que tanto le disgusta), Él, el hechizado Zapatero, se irá, pero no por voluntad propia, sino porque, ya con el agua al cuello, los masoquistas que aún le soportan y sostienen acabarán retirándole el gobernalle de la nación, sopena de encallarla definitivamente, sin remedio, en las playas del caos y la humanísima anarquía —que poco a poco, paulatinamente, asciende entre los ortos de los días.

El más que equívoco, perverso y siniestro Ministerio de “Igualdad” constituye, en rigor, un nido institucionalizado de desigualdades vergonzantes. No es que haya llegado a esto después de transcurrido un año de su infausta e indolente creación, sino que, desde ésta, tal fue ya, justa e instrumentalmente, su inconfesable misión programática: desde las alturas gubernamentales, desplomar cargas de profundidad contra el más mínimo atisbo existencial de oposición, especialmente cuanto más incursa ésta en una navegación de singladuras favorables.

También, liberar señuelos; siempre a tenor de las desviaciones sociales reveladas tanto por los demoscópicos radares de la Moncloa como por los paramonclovitas pulsómetros de las radio-cadenas del nuevo Movimiento.
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23 de marzo de 2009

Don Emilio está triste... ¿Qué tendrá don Emilio?

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-Por Roberto Malestar

¡Miradlo!: abatido por la melancolía, y melancólico por tan vano esfuerzo ante un horizonte ausente de Poder. Como reseca estantigua, remolcado por su propia sombra y, sin posible lifting existencial, profundamente triste deambula don Emilio: Pérez Touriño. Maldito mes, obcecadamente encontrado con sus heterodoxas nupcias políticas.

Dinos, Rubén, grandioso del Ocaso y el Destino, ¿qué padece él, don Emilio? Con sonatina DE ÚLTIMA HORA, pitonisamente, escupe el vate en teletipo:
Don Emilio está triste… ¿Qué tendrá don Emilio?
Su “Galiza” se esfuma en un mal de delirio,
que le aja la risa , que le abrevia el color.
Don Emilio está ausente por sus sillas de oro,
está mudo aquel iPod de su Audi sonoro,
y en su ocaso, Pepiño, le retira el amor. 
Ya no quiere la Xunta, ni el requiebro del BLOQUE,
ni el abrazo encantado, ni el bufón del estoque,
ni encomios unánimes en bancada de azur.
Y a los siete nenúfares de la Villa PSOE,
de futuros inciertos, el dolor les corroe,
mientras Don se broncea en las playas del Sur. 
¿Piensa, acaso, en sus mixturas de heteróclita cocina,
o en la desdicha política de su jornada argentina,
que de sus ojos borraron la delicia y la luz?
¿O en la honradez de cien años de capullos flagrantes,
o en aquel suplicante de votos tan solo días antes:
el Gran ZP Mesetario, amo y señor de su testuz? 
—«Calla, calla, Touriño», dice el Anxo madrina
Quintana, «que, a por los boinas, hacia acá se encamina
quien desprecia los yates y aún repudia el “Azor”:
el porvenir caballero que te “beirea” sin verte,
¡Xosé Manuel Beiras!, vencedor de Malasuerte,
que resucitará tu ánimo con su inmarcesible fervor.»
Pronto se cansarían sus coterráneos, conservadores desde el Séptimo Día, de tanta promiscuidad, de tanto indecente amorío con el ATS Quintana (“o pinchacús”), el príncipe de los “xoubas”: juramentados prolusos cuya máxima aportación de modernidad a Galicia viene consisitiendo en un empeño valetudinario por rebautizarla como “Galiza”, contra todo uso y costumbre de los propios dueños de su tierra, lo mismo que, anticientíficamente, contra el acervo documental de los vestigia filológicos. (“Gallaecia” y “Gallicia” son, en efecto, las formas latinas documentadas, siendo en cambio “Galiza” «una forma del gallego antiguo que conserva el portugués moderno», tal como ha consignado, con meridiana claridad, el filólogo Benigno Fernández Salgado.)
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