Casta parasitaria • Castaparasitaria: 29-jun-2009

RAJOY COMPROMETE SU PRIMERA ENTREVISTA COMO PRESIDENTE
CON LA PERIODISTA MAGDALENA DEL AMO:
“ Cuando sea Presidente de Gobierno tendrá usted la primera entrevista como Presidente del Gobierno. ”
(16 de junio de 2005. Véase minuto 16:20 y ss. de la entrevista).

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29 de junio de 2009

De las aguas corrompidas (Para "la memoria histórica").

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-Por Roberto Malestar

En el anterior y predemocrático régimen político español, de donde procede el abertzalismo homicida vascongado —ETA con su pringue social—, la libertad de la persona ni era efectiva ni era recíproca. Desde el nacimiento del régimen hasta su extinción, la libertad personal permaneció políticamente cercenada, y sin libertad política no es posible la libertad personal.

Ahora bien, en la hipótesis de una democratización anticipada en dos o tres quinquenios a la denominada Transición, el problema de la libertad política no tendría por qué haber sido la prohibición y exclusión de los partidos pro soviéticos o pro dictatoriales de la hoz, el martillo y los capullos de “La Internacional” (como abiertamente lo fueron el PCE —hasta al harakiri carrillesco de la bandera y el Rey, tan suo modo parejo al de los procuradores en Cortes— y el PSOE, “marxista” en tanto no saboreó, y de qué manera, las mieses del Estado), sino la prohibición y exclusión de todos los partidos; por tanto, también, de los partidos auténticamente democráticos, reacios siempre a cualesquiera regímenes e ideologías de naturaleza dictatorial, comenzando por los comulgantes en la fe de la ecclesia rubra (iglesia roja), cuyos prebostes y oficiantes, fieles a la liturgia moscovita, predicaban extemporáneas homilías sobre bruñidos y desclasados “Paraísos”.

Se trataba de enraizar en España el gregarismo de la Colmena socialista y comunista —tanto monta monta tanto, más allá de los socorridos melindres dialécticos—, a imagen y semejanza de las paradisíacas abejeras de la órbita del “telón de acero”, pletórica de esclavizados enjambres con muchedumbres de obreras cautivas laboreando para la Gran Abeja, reina de los apareamientos urdidos en el pudridero de la Komintern. Regímenes en los que a una casta facinerosa de elegidos, presuntuosamente ateos y camaradas —“coleguillas”, como se diría hoy—, no le resultó difícil, sin embargo, vivir religiosamente, “como Dios”, a costa de sus respectivos pueblos, a los que tanto daño infligieron y tan prolongadas hipotecas sociales y económicas legaron. Repare el lector, si no, en la centrifugación histórica de la ex Yugoslavia, o en la tragedia del pueblo rumano trágicamente condenado a un éxodo de varias generaciones.
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